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Los Elementales o Duendes
La ortodoxia de la Edad Media consideraba a los ángeles, demonios y espíritus humanos desencarnados, como entidades personales invisibles. Personificaron a los poderes del bien y del mal, e hicieron de ellos caricaturas y monstruos que volaban de lugar a lugar, tratando de subyugar las almas de los hombres o de sujetarlos a su poder. El poder de la Iglesia era supremo, y los dictados del clero no toleraban la desobediencia. El servilismo y anhelo por favores personales estaban a la orden de aquel tiempo, y este estado de la mente influenció y modificó necesariamente las concepciones religiosas del pueblo. El creador El Espíritu Supremo del Universo fue degradado a sus ojos como un tirano personal, y cuyo favor trataban de ganar por medio de penitencias, suplicas, y la intercesión de los guias religiosos, que se suponía eran sus favoritos. Todo lo que no podía ser reconciliado con las preocupaciones y opiniones existentes, era atribuido al diablo; y los horrores de la “Santa Inquisición”, las persecuciones religiosas y procesos de brujas, son bien conocidos por la humanidad. El hombre es un instrumento por el cual los tres mundos - el espiritual, el astral y el Elementario - están obrando. En él hay seres de todos estos mundos, racionales y no racionales, criaturas inteligentes. Una persona sin conocimiento ni gobierno propio, obra impulsado según la voluntad de estas criaturas; pero el verdadero filósofo obra conforme a la voluntad del Supremo Ser, el Creador, que está en él. Si los amos a quienes el hombre obedece son locos, ellos, sus siervos, también actuarán locamente. Es cierto que cada uno cree que él es el amo y señor y que hace lo que quiere, pero no ve su realidad interior; pues dentro de cada uno de nosotros hay una oculta realidad conocida como el Yo,que es la suma de todos los errores y defectos morales que hacen amarga la existencia que es la suma de todos nuestros errores y fracasos. Duendes Hay otra clase de espíritus, los Silfos, Gnomos, o Espíritus Elementales de la Naturaleza. El gran Maestro Paracelso dice tocante a sus cuerpos lo siguiente: “Hay dos clases de carne, una que viene de Adán y otra que no viene de Adán. La primera es material y grosera, visible y tangible para nosotros: la otra no es tangible y no está hecha de tierra. Si un hombre que desciende de Adán, quiere pasar por una pared, tiene primero que hacer un agujero en ella; pero un ser que no desciende de Adán, no necesita hacer ningún agujero o puerta, sino que puede pasar por la materia que nos parece sólida, sin causarle ningún daño. Los seres que no han descendido de Adán, lo mismo que los que de él han descendido, están organizados y tienen cuerpos substanciales: pero hay tanta diferencia entre la sustancia que compone sus cuerpos, como la que hay entre la Materia y el Espíritu. Gnomo Sin embargo, los Elementales son las almas de los animales o plantas, elementos como el agua, la tierra, el fuego y el aire. Son la inteligencia de la naturaleza, con tremendos poderes sobre la naturaleza entera. Recordemos por un momento a los elementales del agua y del aire, cuando originan los ciclones y huracanes que son a veces devastadores. Otras veces los elementales del agua y del aire fuera de control son la caus de maremotos o Tsunamis. Tsunami del 2004
Viven en los cuatro elementos; las Ninfas en el agua, Las Sílfides en el aire, los Gnomos en la tierra, y las Salamandras en el fuego. Son llamados también Ondinas, Silvestres, Gnomos, Vulcanos, etc. Cada especie se mueve únicamente en el elemento a que pertenece y ninguno de ellos puede salir de su elemento propio, que es para ellos como el aire para nosotros, o el agua para los peces y ninguno de ellos puede vivir en el elemento que pertenece a otra clase. Para cada ser elemental, el elemento en que vive es transparente, invisible y respirable, como la atmósfera lo es para nosotros. Las cuatro clases de espíritus de la naturaleza se relacionan entre sí; los Gnomos se comunican con las Ondinas o Salamandras, los Silvestres con los demás elementos. Así como los peces viven en el agua que es su elemento, así cada ser vive en su propio elemento. Por ejemplo, el elemento en que el hombre respira y vive es el aire: pero para las Ondinas el agua es lo que el aire para nosotros, y si nos sorprendernos de que estén en Agua, también ellas se pueden sorprender de que estemos en el aire. Así pues, el elemento de los Gnomos es la tierra y pasan por las rocas, paredes y piedras como un espíritu, porque tales cosas no son para ellos más grandes obstáculos de lo que el aire es para nosotros. En el mismo sentido el fuego es el aire en que las Salamandras viven; pero los Silvestres o Sílfides, son los que están en más cercana relación con nosotros; porque viven en el aire. Si ese Caos es denso los seres que viven en él son sutiles y si el Caos es sutil los seres son densos. Por lo mismo tenemos cuerpos densos para que podamos pasar por el aire sin impedimento y los Gnomos tienen formas sutiles, para que puedan pasar por las rocas. Los hombres tienen sus jefes y autoridades, las abejas y hormigas sus reinas, los gansos y otros animales sus guías; La omnipotencia de Dios no está limitada a cuidar sólo al hombre sino que se extiende a cuidar también de los espíritus de la naturaleza y de muchas otras cosas de que los seres humanos no conocemos. Todos estos seres ven el Sol y el firmamento lo mismo que nosotros porque cada elemento es transparente para los que viven en él. Así pues el Sol brilla a través de las rocas para los Gnomos y el agua no impide a las Ondinas ver el sol y las estrellas; tienen sus primaveras e inviernos y su “tierra” les produce frutos porque cada ser vive del elemento de que ha brotado. Con respecto a la personalidad de los Elementales, se puede decir que los que pertenecen al elemento del agua se parecen a los seres humanos de ambos sexos, los del aire son más grandes y más fuertes; Las Salamandras son largas delgadas y secas; los Pigmeos o Gnomos son de dos palmos de estatura pero pueden extender o alargar su forma hasta que parezcan como gigantes.
Próspero y Ariel de la tempestad de Shakespeare Los elementales del aire y el agua, las Sílfides y Ninfas son de bondadosa disposición para con el hombre: las Salamandras no se les pueden asociar a causa de la naturaleza Ígnea del elemento en que viven y los Pigmeos son generalmente de naturaleza maliciosa. Estos construyen casas, bóvedas y edificios de extraño aspecto con ciertas sustancias semi-materiales desconocidas para nosotros. Tienen una clase de alabastro, mármol, cemento, etcétera: pero estas sustancias son tan diferentes de las nuestras como la tela de una araña es diferente de nuestro lino. Las Ninfas tienen sus residencias y palacios en el agua; las Sílfides y Salamandras viven en el fuego. En general, los Elementales aborrecen a las personas presuntuosas y obstinadas, tales como los dogmáticos, borrachos y glotones, lo mismo que a los pendencieros y gentes vulgares de todas clases: pero aman a los hombres naturales que tienen mente sencilla y son como los niños, inocentes y sinceros; mientras menos vanidad e hipocresía haya en el hombre más fácil les será acercarse a él; pero si es lo contrario, son tan reservados y huraños como los animales silvestres. Ninfa La mayor parte de los espíritus de la naturaleza repugnan y evitan la compañía del ser humano, y no es extraño que así sea, pues para ellos el hombre es un devastador demonio que destruye y despoja por doquiera que pasa. A sangre fría y a veces entre horribles tormentos mata el ser humano a las hermosas criaturas del bosque, que los espíritus de la naturaleza gustan cuidar. Abate los árboles, siega las hierbas, arranca las flores y desidiosamente las arroja para que se marchiten. Suplanta la amable vida en el seno de la naturaleza con sus construciones de ladrillos y cementos, y la fragancia de las flores con los mefíticos vapores de sus manipulaciones químicas y el ensuciador humo de sus fábricas. ¿Es extraño que los elementales nos miren con horror y se aparten de nosotros como si fuesemos peligrosos? No solo devastamos cuanto más amable es para los elementales, recordemos las talas inmoderadas de los bosques, que acaban con ciertas especies de la naturaleza y son una de las tantas causas del calentamiento global, y todo esto les dasagrada a los espiritus de la naturaleza. Envenenamos el suavísimo aire con los vapores de alcohol y humo de tabaco. Nuestras inquietas e indómitas pasiones levantan un continuo flujo de corrientes astrales que las perturba y enoja con el mismo disgusto que tendríamos nosotros si nos vaciaran encima un cubo de agua infecta. Para los espíritus de la naturaleza la cercanía del hombre ordinario equivale a estar bajo la furia de un huracán que soplara en una sentina. Recordemos que los grandes magos en el pasado utilizaron a los elementales de la naturaleza para sus nobles propósitos, y realizaron extrordinarios prodigios, también hubo magos negros o nigromantes que con la ayuda de los elementales causaron grave daño a sus enemigos. Los elementales no son ni buenos ni malos, son como niños inocentes, que el creador les ha dado poderes extraordinarios sobre toda la naturaleza. Los verdaderos magos hacen curaciones a distancia con la ayuda de los elementales de la naturaleza, ellos son ángeles inocentes, que gozan cuando hacen el bien a las personas, curandolas de sus enfermedades, lamentablemente los magos tenebrosos causan graves daños a las personas a distancia manipulando a los elenetarios o elementales inferiores.
Con agrado participamos a ustedes este estudio de los elementales de la naturaleza. Que la paz sea con ustedes. Equipo de Revista Antropología Esotérica |
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| Revista Antropología Esotérica 2010
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